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La eterna paradoja de la duración de los datos: el escenario
Giordanino, Eduardo Pablo.
Nota de revista/periódico (La Nación).
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Resumen
En el museo vemos algunos pedazos de arcilla cocida sumeria de 4000 años de antigüedad. Ahí están los inventarios de cereales, censos de población y el poema de Gilgamesh. Miramos las fotos de nuestros tatarabuelos, cuyos rostros y vestimenta aparecen con gran definición en tonos sepia sobre un duro cartón. Algo distinto ocurre cuando miramos nuestras primeras fotos digitales: contornos borrosos y colores quemados, muchas no pueden imprimirse ni mucho menos ampliarse. Si en el siglo pasado grabamos eventos en Super 8 o en MiniDV, debemos recurrir a los servicios de migración a digital para poder ver nuestros recuerdos. Así, somos capaces de leer la partida de nacimiento de nuestros abuelos, pero cuando queremos abrir un documento digital que creamos hace 10 o 20 años podemos pasar horas buscando el decodificador adecuado. A veces logramos recuperar el texto, pero perdemos el diseño, las tabulaciones o las tildes; de cursivas y negritas ni hablemos. La pesadilla aumenta cuando se trata de otro tipo de archivos, por ejemplo planillas de cálculo o bases de datos. Es la eterna paradoja de la duración de los soportes de información. Es probable que muchos recursos digitales no puedan ser usados en el futuro. La información electrónica puede ser alterada, puede volverse inutilizable por la degradación del soporte de almacenamiento, o por el cambio en las tecnologías del hardware o el software. La migración de formatos y la emulación de programas son algunas estrategias para evitar estos inconvenientes, junto con los metadatos, que aseguran su supervivencia para el futuro.
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