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Herramientas para el estudio de la prostitución femenina
Gabriela Irrazábal.
Tesis de Licenciatura. FACULTAD DE HUMANIDADES Y CS.DE LA EDUCACION ; UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA.
Dirección estable:
Resumen
Se publicó impreso en Tortti Cristina (comp). Trabajos finales licenciatura en sociología: 1985-2010, La Plata: Universidad Nacional de La Plata, 2011. v.2, 1 CD-ROM. ISBN 978-950-34-0491-1 El análisis de la prostitución no ha sido frecuente en la teoría sociológica. Los rastros que pueden encontrarse dentro de nuestra disciplina analizan este fenómeno en términos de comportamiento individual: el ejercicio de la prostitución como un acto particular o una interacción entre dos sujetos (?prostituyente-prostituído?). No sólo se ha tratado al intercambio de sexo por dinero como un acto exclusivamente personal sino que ha sido englobado dentro del marco de las conductas desviadas y la criminalidad. La prostitución no ha sido un tema de tratamiento exclusivo de alguna corriente teórica: hay autores aislados dentro de cada corriente que se han ocupado de su análisis. Así, encontramos aportes de criminólogos, historiadores y algunos sociólogos. El positivismo y las teorías etiológicas del comportamiento criminal han ejercido gran influencia en este tipo de análisis que se encuentra tanto en autores funcionalistas e interaccionistas como en representantes del Movimiento Feminista. La prostitución ha sido objeto de innumerables batallas políticas, en especial desde el siglo XIX entre militantes feministas y funcionarios públicos, que nos permiten acercarnos a los discursos que circularon en las distintas épocas sobre el intercambio de sexo por dinero. Se pueden encontrar algunas constantes tanto en los discursos de teóricos como en los funcionarios gubernamentales y militantes políticos: todos se han centrado en desentrañar las causas o el origen de la prostitución. La pobreza, las malas condiciones de vida y las familias desintegradas han sido señaladas como las motivaciones que llevan a una persona a dedicarse al comercio sexual. Además, la mayoría de los sujetos utilizados como unidad de análisis o blanco de intervención de las políticas han sido las mujeres prostitutas de clase baja, por una lado, por la ?facilidad de acceso? metodológico a la unidad de análisis, y por el otro, por la creencia en que estas prostitutas eran agentes transmisores de enfermedades sexuales ; estas mujeres han sido tratadas como ?anómalas? o ?víctimas? de una situación adversa de marginalidad, pobreza y exclusión que las apartaban de su naturaleza (la familia y la maternidad). Esta concepción es la que estaba presente en el Movimiento Feminista que luchaba por la abolición de la prostitución a fines de siglo XIX y principios del XX, que en nuestro país estuvo vinculado a los funcionarios públicos higienistas-positivistas encargados de la formulación de políticas de control poblacional. La concepción de la prostituta como ?víctima? ha favorecido a que, aún hoy, no se tome en cuenta para el análisis a aquellas personas que no han vivido una situación de marginalidad y pobreza no obstante que la oferta y demanda de servicios sexuales también está presente en las clases altas. Sin embargo, sólo se genera sanción social cuando esta ?transacción económica? es llevada a cabo en las calles de las ciudades por personas de nivel socioeconómico bajo. El comercio sexual ?oculto? de las clases pudientes, que sale a la luz cuando se encuentran avisos publicitarios en periódicos de circulación nacional o, en la actualidad, en páginas web, generalmente recibe escasa sanción social, porque se desarrolla en un espacio invisible para la opinión pública. Es en este espacio donde interactúan, manteniendo una relación de reciprocidad, los empresarios que ?sostienen, administran o regentean? casas de prostitución con los funcionarios públicos. Teniendo en cuenta que según la Ley 12.331 está prohibido en el país el establecimiento y la administración de casas o locales donde se ejerza la prostitución o se incite a ella , se puede afirmar que estos empresarios, al establecer un cabaret o prostíbulo, están cometiendo un delito. Por ello es que se surge un interrogante que atravesará todo este trabajo ¿qué acontecimientos han contribuido para que una acción ilegal (el establecimiento y la facilitación de la prostitución) carezca de sanción social negativa y una acción legal (el ejercicio de la prostitución) reciba toda la sanción y sea objeto de campañas legislativas represivas?
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