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Microhistoria. Una lectura en clave historiográfica a partir de El queso y los gusanos
Maggio Ramírez, Matías.
Question. Revista especializada en Periodismo y Comunicación, vol. 1, 2012, pp. 46-57.
  ARK: https://n2t.net/ark:/13683/puCb/Rds
Resumen
Este artículo examina El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg como obra fundacional de la microhistoria. El libro reconstruye el proceso inquisitorial contra Menocchio, molinero friulano del siglo XVI, cuyas opiniones heréticas quedaron registradas en los archivos del Santo Oficio. En esa documentación Ginzburg descubre algo que los historiadores no habían visto antes: la voz de las clases subalternas, sus cosmologías, su saber. Menocchio creía que al principio todo fue caos, que de allí se formó una masa como el queso con leche, y de esa masa nacieron gusanos que eran ángeles. Estas ideas no las inventó en la soledad. Las elaboró a partir de libros que prestaban en la aldea, textos que leyó según la tradición oral campesina que había escuchado de boca en boca toda su vida. La microhistoria permite ver esto: cómo un hombre sin instrucción formal se apropió de la cultura escrita de sus perseguidores y la reinterpretó desde su propio horizonte cultural. Lo revolucionario no es solo cambiar el objeto de estudio. Ginzburg reformula qué cuenta como prueba histórica, qué métodos usa el historiador, cómo lee los archivos. Los protocolos inquisitoriales se transforman en ventanas al pensamiento popular. Las palabras de Menocchio testimonian una resistencia intelectual que los documentos oficiales no podían anticipar. El artículo muestra cómo esta lectura historiográfica de Ginzburg reposiciona la microhistoria. También se reconstruye la historia editorial que permitió el auge de la microhistoria en Italia, su relación con Oulipo, «Ouvroir de littérature potentielle», y los debates historiográficos que desde el prefacio se discuten como la historia de las metalidades, la fascinación de la casuística de Foucault y el esteticismo de Michel de Certeau. Los márgenes archivísticos albergan las historias más densas sobre cómo las personas piensan, leen, resisten. This article examines Carlo Ginzburg’s The Cheese and the Worms as a foundational work of microhistory. The book reconstructs the inquisitorial trial against Menocchio, a 16th-century Friulian miller whose heretical views were recorded in the archives of the Holy Office. In this documentation, Ginzburg discovers something that historians had not seen before: the voice of the subaltern classes, their cosmologies, and their knowledge. Menocchio believed that in the beginning everything was chaos, that from it a mass formed like cheese from milk, and from that mass worms were born, which were angels. He did not invent these ideas in solitude; he developed them from books borrowed in the village, texts he read through the lens of the peasant oral tradition he had heard word-of-mouth his entire life. Microhistory allows us to see this: how a man without formal education appropriated the written culture of his persecutors and reinterpreted it from his own cultural horizon. What is revolutionary is not just changing the object of study. Ginzburg reformulates what counts as historical evidence, what methods the historian uses, and how archives are read. Inquisitorial protocols are transformed into windows onto popular thought. Menocchio's words bear witness to an intellectual resistance that official documents could not anticipate. The article shows how this historiographical reading by Ginzburg repositions microhistory. It also reconstructs the publishing history that enabled the rise of microhistory in Italy, its relationship with Oulipo ("Ouvroir de littérature potentielle"), and the historiographical debates discussed since the preface, such as the history of mentalities, the fascination with Foucault’s casuistry, and the aestheticism of Michel de Certeau. Archival margins house the densest stories about how people think, read, and resist. Este artigo examina O queijo e os vermes de Carlo Ginzburg como uma obra fundacional da micro-história. O livro reconstrói o processo inquisitorial contra Menocchio, um moleiro friulano do século XVI, cujas opiniões heréticas foram registradas nos arquivos do Santo Ofício. Nessa documentação, Ginzburg descobre algo que os historiadores não tinham visto antes: a voz das classes subalternas, suas cosmologias, seu saber. Menocchio acreditava que no início tudo era caos, que dali se formou uma massa como o queijo com o leite, e dessa massa nasceram vermes que eram anjos. Ele não inventou essas ideias na solidão; elaborou-as a partir de livros emprestados na aldeia, textos que leu segundo a tradição oral camponesa que havia escutado de boca em boca durante toda a sua vida. A micro-história permite ver isto: como um homem sem instrução formal se apropriou da cultura escrita de seus perseguidores e a reinterpretou a partir de seu próprio horizonte cultural. O revolucionário não é apenas mudar o objeto de estudo. Ginzburg reformula o que conta como prova histórica, quais métodos o historiador usa e como lê os arquivos. Os protocolos inquisitoriais transformam-se em janelas para o pensamento popular.
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