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Mujeres que usan sustancias psicoactivas en América Latina y el Caribe: Retos actuales
Giacomello, Corina y Pawlowicz, María Pía.
Documento técnico, CICAD OEA.
Dirección estable:
https://www.aacademica.org/maria.pia.pawlowicz/172
Resumen
En la última década, ha habido una mayor conciencia sobre cómo el consumo de drogas entre las mujeres, incluidas las poblaciones lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), está cambiando desde una perspectiva epidemiológica.
El uso de drogas por parte de las mujeres es más bajo que el de los hombres. Sin embargo, las tendencias de consumo están cambiando, especialmente en relación a sustancias legales,
particularmente el alcohol y los medicamentos de prescripción controlada. Entre estudiantes de enseñanza secundaria, las diferencias por género tienden a desaparecer o volverse irrelevantes. En algunos países, y en relación a algunas sustancias, incluso son revertidas. Hay información
limitada sobre el acceso de las mujeres a servicios en el área de tratamiento, reducción de riesgos y daños, así como sobre servicios integrales o coordinados que aborden las vulnerabilidades
enfrentadas por las mujeres que usan sustancias.
Numerosos estudios demuestran que las mujeres que usan sustancias sufren de mayor estigmatización por parte de instituciones de salud, protección social, educación y judiciales. La
doble discriminación,1 por el hecho de ser mujeres al mismo tiempo que consumidoras de drogas, se profundiza especialmente cuando usan sustancias ilegales. La estigmatización contribuye al
subregistro del problema en los datos epidemiológicos al desalentar la discusión abierta sobre las prácticas de consumo.
La relación entre el uso de drogas en mujeres y la exposición a situaciones de violencia emerge como una constante en el ámbito de la investigación. La violencia física, psicológica y sexual por
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parte de parejas a menudo conduce a estrés postraumático, lo que a su vez puede impulsar el consumo de drogas o el mal uso de medicamentos como forma de afrontamiento.
Las mujeres que usan drogas y se encuentran en situación de calle sufren una particular exposición a violencia física, social y simbólica, profundización del aislamiento y hostilidades, tanto a nivel social como en las instituciones de salud. Estudios advierten que las mujeres que usan drogas en situación de calle tienen una prevalencia mayor de enfermedades cardiovasculares e infecciosas, incluyendo VIH y hepatitis B y C. Adicionalmente, el encarcelamiento de mujeres que usan drogas por delitos vinculados a éstas es un problema creciente y América Latina es la región en donde el número de mujeres en prisión ha sido el que más ha crecido en los últimos 20 años.
Tanto programas para la prevención de drogas como servicios de salud deben estar cuidadosamente diseñados para proveer apoyo efectivo para mujeres jóvenes y adultas quienes, junto con otras situaciones de vulnerabilidad -violencia de género, embarazo, maternidad, falta de vivienda, pobreza, etc.- puedan consumir sustancias y desarrollar dependencia. Es crucial desarrollar programas de apoyo comunitarios que aborden las problemáticas sociales y de salud de las mujeres que usan drogas. Asimismo, estrategias de reducción del daño y atención de cuidado
informada sobre el trauma también deberían ser incluidos en estos servicios. Sin duda, se necesita más investigación para aumentar la disponibilidad de evidencia en la temática y una mayor promoción de reformas de políticas podría ayudar a inclinar la balanza hacia enfoques de salud pública, en lugar de medidas punitivas para las mujeres que sufren de dependencia de drogas.
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