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Ficciones policiales. Antología de cuentos breves y poesías participantes del primer concurso Literario Policial 2012 Insp. Gral. Elías Boleas
Ariel Gimenez y Grabosky Sergio Gustavo.
Edipol (Salta).
  ARK: https://n2t.net/ark:/13683/pxY9/oCZ
Resumen
Leer las obras que participaron de un concurso literario, organizado por la institución policial de la provincia de Salta y destinado a efectivos de la fuerza y estudiantes de sus academias, significó una fuerte interpelación acerca de lo que es literatura y los lugares habituales donde la literatura circula. Pero también significó una instancia de posicionamiento político, de toma de postura en torno a cuestiones que atraviesan nuestras más profundas convicciones cívicas. Sobre estos dos aspectos quiero hablar en primer lugar, en este estudio preliminar. Además, una vez concluida la tarea de reflexionar sobre quienes producen-consumen literatura, sobre lo que literatura significa y sobre la dimensión política de la literatura cuando se produce en lugares no habituales, procederé a realizar un análisis crítico de cada texto que participó del concurso y que ahora se consagra en esta publicación, en formato libro. Este análisis, intentará dialogar con las producciones y con los lugares de producción de sus enunciadores, sobre sus ideologías y vinculaciones con los contextos históricos de democracia que atraviesa nuestro país, factor fundamental para pensar en esta obra.En este año 2013, Argentina vive una democracia que atraviesa los discursos y las prácticas comunicacionales, escolares y familiares a la vez que pone en crisis las formas tradicionales y las instituciones que sostienen esas formas. Todo esto se traduce en conquistas de derechos para minorías, en nuevos vínculos y nuevos lugares posibles para cada argentino. Pero también en una imperiosa necesidad de revisión de las instituciones. En ese marco, que la institución policial organice un concurso literario, entre otros muchos trabajos culturales que se vienen gestando en nuestra provincia- estoy pensando por ejemplo, en el Museo de la Fuerza - resulta innovador y desafiante para el pensamiento tradicional que vincula lo policial a lo represivo. ¿Qué significa ser policía en el siglo XXI? El gran desafío de la fuerza, será encontrar maneras de insertarse en este contexto democrático, para resignificar su labor en pos del bien común y de la vida civil. Sociedad atravesada por profundas crisis, no podemos negar la importancia del conocimiento y la cultura para el desarrollo de todos los seres humanos en nuestra actualidad. Así también sucede con los hombres de la Fuerza. Todo policía sabe que tiene la posibilidad de crecer en su vida cultural. Y esto es algo que redunda en el bien común. Una Policía humanizada, con valores trascendentes, es la que el pueblo argentino necesita. Es que por mucho tiempo, desde la antigüedad clásica, se pensó en la humanidad jerárquicamente dividida. Viene bien recordar por ejemplo, cómo Platón explica, con el mito de los metales, estas desigualdades. El texto extraído de la República (415 a) comienza afirmando lo común, lo que nos iguala: «Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad?» pero en seguida señala las distintas naturalezas, que a su juicio están presentes en los humanos y allí empieza la explicación mítica.pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. » (op.cit.)             Con mucha claridad se plasma en esta idea la desigualdad entre los humanos. Algo así como principios estructurantes que nos sitúan, de una vez y para siempre en la vida, en la sociedad.  Llevándolo a nuestro plano, diríamos que hay personas, aptas para el trabajo intelectual, por ejemplo y otros que por naturaleza, estarían estructurados para lo físico.             Según esta cosmovisión, el statu quo  social debe basarse en estas diferencias de nacimiento. Los magistrados deben cuidar que se cumpla el mandato para evitar el oráculo: la democracia - el gobierno de los de hierro o bronce-,  será la ruina de la ciudad.             Si pensamos en esta idea platónica y en nuestro concurso literario policial, en el marco de nuestra democracia, podríamos decir que lo novedoso que encierra esta apuesta de la Jefatura por instaurar instancias culturales en la vida de la Fuerza, busca romper con los lugares naturalmente asignados al policía, lugares apartados por ejemplo, del arte. Una fuerte ruptura hacia adentro de la mentalidad policial, pero también hacia afuera, como una interpelación a toda la sociedad, mostrando que en realidad no hay lugares fijos, no hay metales diferenciadores, y que todos somos iguales, en relación a la posibilidad de la ficción, ya sea como lectores o como escritores.             De esta manera es como el concurso literario policial y el contenido de este libro, implica una interpelación política, mostrando cómo la igualdad permite pensar en el policía como un lector y como un escritor de ficción, de arte. Porque, si bien el mito de los metales de Platón refiere a la organización y gobierno de la ciudad, tiene consecuencias literarias, como lo muestra claramente la ficción de Borges. Así como Platón advierte del oráculo,  un personaje borgeano afirma: ?Domino la escritura secreta que defiende nuestro arte del indiscreto examen del vulgo? (1995: 81). Es que la  literatura fue y es concebida por muchos como un espacio aristocrático donde las diferencias entre los humanos  hacen presentes en un lenguaje elevado, cifrado, casi iniciático al que no todos pueden acceder.             Por eso, la Literatura, en este contexto democrático, deja el Parnaso para vestirse, en este caso de azul. Pero también deja la academia y llega a lectores y escritores nuevos, no pensados tradicionalmente como lectores y escritores literarios. Esta conjugación de democracia y literatura se vuelve potente, modificadora de la realidad existente siendo a la vez síntoma y causa  de lo nuevo, de lo posible.                                       Cabe aquí preguntarse qué es literatura, cuando incluimos y publicamos textos producidos por nuevos sujetos literarios, como en este caso, los policías y aspirantes que participaron del concurso. Así, la literatura  se concibe como una práctica sociocultural, en la que diversos actores intervienen, intercambian la palabra. No como un discurso estético en el sentido tradicional de un canon de belleza burgués, sino como un espacio de ficción, de invención, donde diversos sujetos construyen sentidos, también diversos,  en comunidades de lectores y de interpretación.             Desacralizamos la Literatura, la hacemos humana e incluimos en ella los intercambios ficcionales que circulan en los diversos ámbitos de la vida social. Más allá de decisiones de estilo, de las cosmovisiones literarias de los autores ? que a veces sí coinciden con posturas tradicionales en torno a la literatura como lenguaje culto, que trata temas elevados - abrimos el juego a nuevos géneros, a nuevos espacios, a nuevos públicos  y autores.             La Literatura pasa a ser un lugar de ruptura donde la polifonía aparece, donde el propio espacio estético es disputado por diversos actores, que toman la palabra y se expresan en una nueva Babel, donde los múltiples lenguajes nos obligan a buscar la comunicación, a través de los sentidos que nuestras voces intentan producir.             Aquí también se hace evidente la relación entre literatura y política. La emancipación del lector, Rancière (2011)  habla de la emancipación del espectador, es una marca de nuestra época, en la que los usuarios suben contenido, en la que los espectadores deciden más allá de las imposiciones homogeneizadoras del gusto, que llevan a cabo las corporaciones mediáticas, donde los alumnos dejan de repetir para pasar a producir contenido,  donde los policías se apropian del discurso literario y publican. Quizás alguien piense que es una exageración plantear  en estos términos los alcances del libro que estamos presentando.  Por el contrario, resulta una clave de lectura interesante para el abordaje de los textos aquí contenidos superando una mirada exclusivamente esteticista.               Esto no quiere decir que  se niegue el valor a la Academia literaria, o que la crítica especializada no tenga importancia, simplemente evoca otras concepciones sobre la literatura que le asignan un lugar en la construcción de la  subjetividad de las personas.             Así Michelle Petit (2006: 67-83), reflexiona sobre cómo la lectura literaria, construye, reconstruye la subjetividad de lectores en situaciones complejas, de pérdida, de sufrimiento. Entre lo social y lo psicológico el discurso literario es reparador y constructor de la propia interioridad. Así, la autora señala en primer lugar: ??la lectura puede ser, a cualquier edad, un recurso privilegiado para elaborar o mantener un espacio propio, un espacio íntimo, privado, incluso en los contextos donde no se entrevé ninguna posibilidad de disponer de un espacio personal? (op.cit.: 69)             Continúa su reflexión marcando la dimensión reparadora de la lectura en tanto ayuda a mantener la dignidad, redimensiona el sentido de la vida, en definitiva, humaniza:     ?Cuando uno se siente despedazado, cuando el cuerpo es atacado y se despiertan gran cantidad de angustias y de fantasías arcaicas, la reconstrucción de la representación de sí mismo, de su interioridad, puede ser vital? (op.cit.: 69)               Esta nueva dimensión de la literatura es la que habilita a des-ubicarnos, a leer y escribir en lugares no habituales, buscando otros lenguajes, otros lectores y otros autores.  El mérito de la desubicación es que, al sacar de lugar lo establecido, se vuelve un espacio creativo y rico para la experiencia subjetiva y social de construcción de sentidos.             El policía, en cuanto actor social que trabaja en los límites, en contextos de violencia, inmerso en el lodo de la delincuencia, codo a codo con el delito, requiere este espacio reparador.  Al mismo tiempo, la pertenencia a una institución jerárquicamente organizada,  lo posiciona en un lugar de asimetría, de vulnerabilidad, donde su subjetividad, su yo está siempre amenazado. Pensar en relación con este actor social la literatura, la ficción, permitiría conocer un lector particular, un claro testimonio de este valor social de la literatura que señala
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